Introducci�n: Presento ac� dos textos. El primero, en portugu�s, est� extra�do del sitio www.pliniocorreadeoliveira.info. La p�gina en cuesti�n (que invito a todos a leer) narra varios episodios de la vida del l�der brasile�o. La secci�n que interesa aqu� repite palabras del mismo Plinio durante una conferencia sobre s� mismo realizada, seg�n la cita, el 6 de agosto de 1954. Es bueno tener el mente que Plinio tiene 46 a�os cuando cuenta su conversaci�n con un primo.
El segundo texto, en castellano, est� extra�do de la revista Heraldos del Evangelio (se puede leer completa ac�) dedicada "Al maestro de nuestro fundador" (aclaro por si se hace falta que el maestro el Plinio Correa de Oliveira, el fundador es Joao Cla Dias). Al narrar, probablemente el mismo episodio (se hace referencia al primo tambi�n), no queda claro si la conversaci�n fue �nicamente sobre "el origen de los beb�s" u otros temas. O Plinio no lo aclar� en esta versi�n de los hechos (del 24 de julio de 1982 cuando �l ya ten�a 74 a�os), o los editores de la revista no quisieron aclararlo para facilitar su narrativa, como veremos m�s adelante.
* * *
![]() |
| De Par�s... �sin escalas! |
Intercorreu ainda outro problema.
Na Fran�a, no meu tempo, segundo ouvi dizer, o problema da pureza se punha para os meninos aos 15 ou 16 anos. Aqui no Brasil aos 7-8 anos esse problema j� nascia. E eu conhe�o caso de precocidade ainda maior.
Resultado, certo dia um de meus primos me chama de lado e diz:
� Voc� sabe como nascem as crian�as?
� A cegonha traz, n�o �?
� Est� vendo que voc� � um bobo!
A� ele me deu a explica��o completa. Eu n�o quis aceitar. Percebi � para falar a linguagem crua � que entravam a� em cena coisas muito pouco asseadas fisicamente... E depois pensei: assim s�o eles; � a tal coisa que est� por detr�s deles! E eu quis surr�-lo, dizendo que ele estava caluniando os maiores de minha fam�lia.
Eu conto o fato em sua infantilidade, para verem como de uma infantilidade absoluta, e at� rid�cula, pode ter germinado alguma coisa boa.
Percebi ent�o que muitos de meus companheiros nessa idade j� estavam podres de corrup��o moral. Mas, podres!
Imediatamente verifiquei a solidariedade existente entre essas realidades todas que eu via neles e a impureza. E compreendi tamb�m que, do outro lado, estava a Religi�o.
E compreendi ainda o seguinte: ou aceito de ser como eles e me entrego inteiramente, ou a vida toda eu vou ser um p�ria, um homem diferente dos outros, completamente perseguido.
Nossa Senhora ajudou-me muito nessa dificuldade.
Devido a um certo conjunto de circunst�ncias sobre as quais n�o vale a pena entrar, e por uma gra�a muito especial de Nossa Senhora, rezando diante de uma imagem de Nossa Senhora Auxiliadora, que se encontra no altar lateral da Igreja do Sagrado Cora��o de Jesus, em S�o Paulo, e tamb�m diante da imagem de Nossa Senhora do Bom Conselho, que estava na capela do Col�gio S�o Lu�s, eu consegui, aos 12 anos, a gra�a de entrar para a Congrega��o Mariana de meninos do Col�gio S�o Lu�s. E fiz o seguinte prop�sito:
� Aconte�a comigo o que acontecer, eu serei contra esse mundo. Esse mundo e eu somos irreconciliavelmente inimigos. Eu serei a favor da pureza, a favor da Igreja e a favor da monarquia. Serei a favor da hierarquia, serei a favor da compostura, ainda que eu tenha que ser o �ltimo dos homens, pisado, esmagado, triturado. Esses valores confundem-se comigo, confundem-se com minha vida. Aconte�a o que acontecer com os outros, isso vai ser a minha vida, isso eu vou seguir.
Aos 12 anos, portanto, essa fixa��o estava inteiramente formada na minha cabe�a.
* * *
No tiene porqu� sorprendernos la ignorancia sobre temas relacionados a la sexualidad humana en un ni�o de la alta sociedad paulista. En muchas familias conservadoras de la �poca (y hasta de la nuestra), es un tema que muchos padres prefer�an no abordar con sus hijos.
Lo que s� es revelador (no dir�a sorprendente) es que un Plinio de 46 a�os cuente orgullosamente este episodio como un ejemplo de su crecimiento en la virtud de la pureza, y no como una an�cdota, casi risible, de como ve�a el mundo un ni�o que no se hab�a formado totalmente.
Copio abajo la versi�n del mismo episodio (o similar), narrada con menos detalles f�cticos pero m�s prosa adulona y zalamera, por los Heraldos del Evangelio. Me da la impresi�n que los editores de la revista, decidieron convertir una conversaci�n sobre la "cig�e�a que tra�a los bebes" en un asalto orquestado contra la virginidad de Plinio. No es de descartar tampoco que el mismo Plinio haya narrado el evento con otro �nfasis en su ancianidad.
* * *
Una verdad presentada bajo una falsa luz
Cuando Plinio ten�a tan s�lo 9 o 10 a�os, por tanto, antes de su entrada en el Colegio San Luis, un primo suyo mayor que �l y otros compa�eros de su infancia le revelaron, de forma maliciosa, asuntos relativos a la vida conyugal que deben ser tratados con mucha delicadeza y prudencia. Enseguida se dio cuenta de lo que hab�a de repugnante en eso porque, como dir�a m�s tarde, �tal era la impiedad que les escurr�a por la boca como saliva inmunda, que a mi juicio estar�an mintiendo. [...] De hecho, sus palabras eran mentiras, aunque me estuvieran diciendo la verdad, por presentar esa verdad bajo una falsa luz�.
Esto signific� para �l un choque tremendo puesto que, en su sencillez y candor, el concepto que ten�a de la virtud parec�a haberse desmoronado, al no pasar de ser una bonita fachada para ocultar las miserias de una humanidad innoble e hip�crita. Peor a�n, esos ni�os sab�an muy bien que ese tema permanecer�a en su memoria y, por consiguiente, volver�a con la fort�sima atracci�n que le es propia. As� pues, le era ofrecido �dentro de una copa asquerosa, un placer puerco, pero agradable e incluso embriagador: �Plinio, �b�belo!�
Sin embargo, la rectitud de juicio que era consecuencia del don de sabidur�a le permiti� a Plinio adoptar la actitud m�s perfecta que exig�a el momento: de forma perentoria y con indignaci�n rechaz� el estado de esp�ritu de los que m�s tarde calificar�a con precisi�n de ap�stoles de la impureza, porque percib�a c�mo la aceptaci�n de esa invitaci�n lo llevar�a a romper con algo que no era capaz de definir, pero cuyo efecto ser�a �apagar a pedradas una serie de luces� que sent�a encendidas dentro de s�. Eran, seg�n expresi�n suya, �las luces de la inocencia�.
Firme resoluci�n de resistir
Concluido ese dram�tico episodio, durante cierto per�odo nadie volvi� a plantearle el desagradable asunto, que fue dejado de lado. M�s adelante, Plinio buscar�a aclaraciones donde mejor las podr�a recibir: de los labios de un ministro de la Santa Iglesia. Un sacerdote jesuita le explic� de modo conveniente a su edad la doctrina cat�lica sobre la excelencia de la virginidad y de la honestidad de la uni�n matrimonial.
Dilucidada la cuesti�n doctrinaria, se trataba ahora, en la pr�ctica, de no ceder en nada, principalmente porque en el contexto en que viv�a las tentaciones llegaban con gran violencia y f�cilmente har�an zozobrar el barco de su alma, como contaba �l: �La batalla fue penosa. No quiero dar de m� mismo la idea ilusoria de un joven ang�lico, que nunca tuvo la bajeza de sentir los est�mulos de la carne. No me fue f�cil preservar la virginidad. Yo, tan pac�fico y tranquilo, ve�a en mi camino una colosal lucha, que parec�a que nunca acababa, para mantener el estado de gracia. Qu� enorme y pavorosa dificultad. Pero ten�a la firme resoluci�n de resistir, costara lo que costara�.
Esta determinaci�n era ardua, pues, adem�s del aguij�n de la propia concupiscencia, presenciaba a cada instante c�mo todos sus compa�eros y familiares, al tomar conocimiento de la materia, sucumb�an a las solicitaciones del pecado y cambiaban enseguida de mentalidad. Obstinados esos ni�os en el desprecio a la Ley de Dios, Plinio, por su fidelidad, iba qued�ndose cada vez m�s excluido de su ambiente.
(...)
Al final de la adolescencia la victoria sobre la impureza era total, y la luz de la inocencia de Plinio resplandec�a con mayor fulgor a�n, como el oro purificado en el crisol de la prueba. En circunstancias sorprendentes, dicha luz brill� incluso a los ojos de alguien sumergido de modo indigno en el vicio opuesto.
Cuando Plinio concluy� el ciclo de ense�anza secundaria, dedic� el a�o de 1925 a prepararse para los ex�menes del Estado, previos al curso universitario, porque seg�n la legislaci�n vigente al haber frecuentado un colegio privado ten�a que presentarse a ellos si quer�a que sus estudios fueran reconocidos oficialmente.
Para tal fin, eligi� la ciudad de Ribeir�o Preto. Por diversas circunstancias tuvo que hospedarse en un hotel con otro joven paulista, conocido suyo, de costumbres licenciosas. Al llegar la noche, Plinio se recogi� temprano, pero un temor le asaltaba: su compa�ero de habitaci�n no aparec�a, probablemente por estar en lugares p�simos; y podr�a presentarse con una mala compa��a... que es lo que de hecho ocurri�.
Ya era tarde cuando un vocer�o que ven�a del pasillo despert� a Plinio. Enseguida percibi� que alguien se acercaba... eran los pasos de dos personas y en la conversaci�n distingui� una voz femenina. Su conocido y una mujer de mala vida iban a entrar, seguramente con indecentes intenciones con relaci�n a �l. �C�mo salir indemne de esa situaci�n? Si fuera necesario, �habr�a pelea! Se encomend� a la Sant�sima Virgen y resolvi� fingir un sue�o profundo.
Una vez dentro de la habitaci�n se aproximaron a la cabecera de la cama, porque la mujer hab�a manifestado el deseo de verlo de cerca. Parec�a que hab�a llegado la hora de intervenir cuando, de repente, ella exclam� con pronunciado acento luso:
��Mira c�mo duerme!... �Qu� bella es la pureza! �Qu� bella es la inocencia! �C�mo duerme la inocencia!
Y sin atreverse a ofender a aquel contra quien poco antes dirig�a sus malos prop�sitos, prefiri� abandonar el aposento sin dejar de repetir por el pasillo ese testimonio que, aun viniendo del fondo del lodo, era franco y certero.
* * *
En fin... es bueno que los Heraldos sepan que "al final de la adolescencia la victoria [de Plinio] sobre la impureza era total". Dios quiera que si.
El episodio de Plinio en el hotel es risible bajo muchos puntos de vista... o est� mal contado. Los editores de la revista no citan en que fecha Plinio cont� esta historia, y no tenemos el texto original para compararlo con la narrativa de la revista. Pero si tomamos la historia como viene, est� llena de contradicciones, megaloman�a, inventos y un misogenismo que s� era caracter�stico de Plinio y lo sigue siendo de sus seguidores.

0 Comments