Introducci�n: En el contexto de la guerra fratricida que sigui� a la muerte de Plinio Correa de Oliveira, esta carta del Pe. Jos� Olavo Pires Trinidade a Plinio Vidigal Xavier da Silveira, circul� ampliamente entre ambos bandos.
El Pe. Olavo, como se ve en la carta, simpatiza con el ahora monse�or Joao Cl� Dias, mientras que Plinio Xavier es uno de los "veteranos" o "provectos" que qued� enfrentado con el fundador de los Heraldos del Evangelio.
La carta es larga, en su original en portugu�s, y puede ser aburrida para los que no est�n en las minucias de esta historia, con sus tintes melodram�ticos, s�rdidos y llena de peque�eces de ambos bandos.
Desconozco si efectivamente los "veteranos" acusaron a Joao Cla de actos inmorales, como Olavo escribe en su carta. Si lo hicieron, me parece una verdadera infamia haberlo hecho sin tener la evidencia y la certeza correspondiente, para seguir esta grav�sima acusaci�n con una denuncia penal. Como no me consta que tal denuncia haya sido nunca hecha en contra de Joao Cla, s�lo me queda concluir que esta acusaci�n es, como dice Olavo, un golpe bajo e infundado que se us� para desprestigiar al fundador de los Heraldos, sin ning�n fundamento (al menos en este �mbito). Los "provectos" deber�an avergonzarse de haberla insinuado.
Para los que no est�n en el detalle, ni conocen la larga historia, hago s�lo una aclaraci�n: Tanto Joao Cl� Dias como Plinio Xavier, fueron ambos "esclavos" de Plinio en la Siempreviva, ambos militaron en la TFP durante d�cadas, ambos dedicaron sus vidas a lo que ve�an como una vocaci�n con tintes religiosos, y ambos, ciertamente, veneraban a Plinio como l�der indiscutido.
Mientras vivi�, Plinio daba tu tiempo a ambos y a las facciones que representaban, y no consta de forma fehaciente que haya considerado uno por encima del otro. Despu�s de muerto, naturalmente, cada lado busca justificar su posici�n con citas selectivas del fallecido, para mostrar que cada uno es el verdadero heredero del espiritu pliniano. Todo esto es opinable.
Lo que no se discute es que Plinio muri� sin resolver el tema de su sucesi�n, dejando el poder de los estatutos con un bando y una gran cantidad de seguidores con otro. Est� donde est�, no creo que est� muy contento con el desempe�o de sus disc�pulos (sobretodo si leyese esta carta), pero, la verdad sea dicha, no tiene a otra persona a culpar que no sea �l mismo.

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