Publicado en Cr�nica Digital el 3 de mayo 2010
Las denuncias de abusos sexuales del fundador de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel y del p�rroco Fernando Karadima han generado especial revuelo, ya que se trata de dos l�deres espirituales de un numeroso grupo de sacerdotes y fieles cat�licos.
En el primer caso, Maciel era el fundador de una congregaci�n que posee m�s de 800 miembros y una extensa red de instituciones y empresas asociadas. En el segundo caso Karadima es el �inspirador� de un grupo de cincuenta sacerdotes chilenos, entre los que se destacan cinco obispos diocesanos.
En ambos casos, los denunciantes coinciden en la manipulaci�n de las conciencias a la que se les habr�a sometido, lo que configura un cuadro de instituciones en las que la libertad de pensamiento y la autonom�a interior pueden ser considerados como derechos conculcados o amenazados. Las acusaciones refieren a m�todos de lavado de cerebro en los que la autoridad religiosa es sacralizada, de tal modo que se impide las personas el libre ejercicio del discernimiento. El testimonio del m�dico James Hamilton es decidor, cuando declara a Informe Especial que Karadima �fue el representante de Dios sobre m�. En su relato, a los 17 a�os, fue escogido para ingresar al movimiento juvenil �Acci�n Cat�lica� y desde ese momento �idolatr� al padre Karadima, quien pas� a ser su confesor, gu�a espiritual y figura paternal. �Sent� que hab�a sido elegido por Dios�, sostiene Hamilton.
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| L�der carism�tico y sus peones. |
Por otra parte, la reciente declaraci�n Vaticana respecto al futuro de los Legionarios de Cristo ha anunciado que se nombrar� una comisi�n de estudio de sus Constituciones, es decir, un equipo de canonistas que redactar� nuevos estatutos y se ha dispuesto que el �ejercicio de autoridad� en esa congregaci�n sea revisado y el Vaticano administrar� sus seminarios bajo su directa jurisdicci�n. Se estar�a as� comenzando a desmontar una peligrosa estructura de poder que habr�a actuado en connivencia con Maciel, amparando sus abusos.
�Es posible que estos u otros movimientos al interior de la Iglesia Cat�lica puedan ser calificados de sectas peligrosas? Creo que antes de emitir un juicio es necesario revisar los criterios que los especialistas han elaborado para caracterizar una secta destructiva. Las caracter�sticas de una camarilla patol�gica pueden resumirse en siete puntos:
1) Existencia de pr�cticas de control mental: utilizaci�n sistem�tica de t�cnicas de persuasi�n coercitiva, aunque en el inicio se utilicen m�todos de seducci�n. Se trata de organizaciones autoritarias y piramidales en las que no existe la democracia en ninguno de los escalones ni se permite la cr�tica y se inculca el destierro del pensamiento cr�tico.
2) Separaci�n del mundo: Lo que implica un fuerte aislamiento de los adeptos y el control de la informaci�n que les llega.
3) Alejamiento de la familia: Por medio de un discurso que demoniza el �mundo�; a la vez que se pide a los adeptos depositar una confianza ciega en la secta; especialmente en sus dirigentes.
4) Dependencia de personalidades carism�ticas: tambi�n puede ser un grupo de l�deres, cuya decisi�n es la �nica que resuelve, controla todos los movimientos de los miembros, les provee su dinero y no se somete a las mismas reglas que los seguidores.
5) Creaci�n de estructuras intra-eclesiales propias: Que buscan escapar de los conductos ordinarios de las dem�s estructuras eclesiales, y en particular, instalan normas propias.
6) Violaci�n de los derechos humanos: los adeptos est�n expuestos a la arbitrariedad de los dirigentes de la secta, lo que les predispone a abusos sexuales o de otro orden.
7) Aislamiento y criminalizaci�n de miembros disidentes o de los desertores: quienes se retiran o escapan de la secta pierden sus contactos sociales y sus lazos con quienes permanecen en la secta.
�Corresponden estas caracter�sticas con los cuestionados movimientos de Maciel y Karadima? No creo que sea f�cil una respuesta aprior�stica. Sin embargo, es obvio que los testimonios dispersos de las v�ctimas permiten, al menos, sospecharlo. Si se aplicara el principio de precauci�n se deber�a investigar diligentemente e impedir que la responsabilidad de los abusos termine encontrando chivos expiatorios que blanqueen el entramado de fondo, que explicar�a integralmente lo acontecido.

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